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viernes, 13 de enero de 2017

Indígenas......... De Brasil..........




Introducción:

 Yshyr

 

Otros nombres                yshir, isir, öshör, jeywo, chamacoco, chamakoko

Ubicación Paraguay

 (Gran Chaco)

Idioma Yshyr

Religión               mitología tribal, cristianismo

Etnias relacionadas         Zamuco



Asentamientos importantes

1.º          Paraguay censo 2002

1571 hab.

2.º          Brasil (Reserva Indígena Kadiwéu) Instituto Socio ambiental (ISA) 1994
40 hab.



Los chamacocos, ybytosos o yshyr ("personas') según se denominan a sí mismos, escrito en algunos textos iśir, ishiro, öshör, ïsïrï, también conocidos como jeywo, son un pueblo indígena del Chaco Boreal que en Paraguay habita el departamento Alto Paraguay junto a la costa del río Paraguay, junto con pequeños grupos que han emigrado a otros departamentos, y en Brasil existe un pequeño grupo autóctono (40 en 1994) en la Reserva Indígena Kadiwéu del estado de Mato Grosso del Sur.

Los tomárahos (autodenominados yshyr tomáraho) son un subgrupo de los chamacocos que viven en la comunidad Puerto María Elena-Pitiantuta del distrito Fuerte Olimpo. Hablan su propio dialecto y se han diferenciado culturalmente de los yshyr ybytoso que forman el grupo principal, por lo que la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC) del Paraguay los clasifica como una etnia separada.




Historia:

Varios grupos yshyr vivían en el Chaco en el siglo XIX, tanto en el interior del territorio, como asentados en las orillas del río Paraguay. Los ybytosos (o ebitosos) durante siglos han vivido a lo largo del río Paraguay; los tomárahos, habitaban el interior del Gran Chaco y hasta la década de 1970 se creía que eran hostiles.


Durante la guerra del Chaco (1932-1935), los yshyr ayudaron a los soldados paraguayos en la lucha contra los bolivianos, pero cuando terminó la guerra, perdieron sus territorios y tuvieron que negociar su supervivencia étnica con los colonos y nuevos terratenientes paraguayos.

Los tomárahos sobrevivientes vivían en esclavitud en el remoto campamento de San Carlos y estaban muriendo de enfermedad, abandono y hambre.6 Al permanecer en el bosque, apartados de la influencia de los paraguayos y los misioneros -al costo de la casi extinción- los tomárahos fueron capaces de preservar una gran cantidad de sus mitos y ceremonias tradicionales.

«Ahora nuestro territorio es el de la empresa, vivimos allí, pero no es nuestra tierra, ya no pertenece a nosotros y se ha convertido en un lugar enemigo que nos está matando. Antes eramos valientes y fuertes, pero la convivencia con los paraguayos nos ha domesticado». Testificó un hombre tomáraho que apenas sobrevivía, enfermo y desnutrido, trabajando en los grandes latifundios madereros de explotación de tanino conocidos como Campos de Carlos Casado.

El primer contacto de los tomárahos con los ybytosos fue en 1981, cuando Bruno Barras y Guillermo Mallero, yshyr de Fuerte Olimpo, se dirigieron a San Carlos para llevar a cabo el primer Censo Indígena Nacional. Cuando Ticio Escobar visitó a los tomárahos en 1985 sumaban sólo 87 personas. Sin embargo, mientras que los ybytosos habían abandonado sus rituales, como resultado de la influencia de los misioneros evangélicos pertenecientes a la Misión Nuevas Tribus, los tomárahos todavía practicaban la ceremonia de iniciación de los púberes y habían mantenido un conocimiento detallado de los mitos y el chamanismo.

Estos grupos están hoy al borde de la desaparición debido a la pobreza derivada de la transformación de su hábitat, la degradación de los recursos naturales, y la presión de la expansión de la actividad económica. Los jóvenes emigran hacia las ciudades de Paraguay y Brasil, abandonando sus costumbres y muchas veces negando su origen para evitar ser víctimas de discriminación.

En 2009, sólo tres comunidades de ybytosos contaban con personería jurídica y tierra propia; la comunidad tomáraho posee personería jurídica y tierras asignadas sin título de propiedad (DGEEC, 2004) con un total de 25 828 hectáreas. Las poblaciones más numerosas se encuentran en Puerto Diana y en Puerto Esperanza, la más pequeña en Puerto Caballo.

Los yshyr subsisten precariamente encontrando sustento en el cultivo de mandioca, batatas, frijoles, maíz, calabaza y sandía. También cazan, pescan y

 recolectan miel y palmas carandá, y obtienen algún ingreso de la confección de artesanías para su venta.

Grupos de yshyr disidentes, conocidos como «yacareceros», se dedican a la caza furtiva del yacaré, actividad prohibida, «Contingentes de quince a veinte hombres que parten en canoas río arriba, y se internan por los bañados del río Negro. Allí cazan durante un mes, durmiendo en sus botes y expuestos a todos los peligros: los guardias forestales brasileños, mayoría de ex convictos, les tiran a matar antes de preguntar nada».





Cultura:
Lengua:

Su idioma, llamado Yshyr ahwoso,10 pertenece a la familia lingüística zamuco, estudiada y descripta por los jesuitas en el siglo XVIII, y comprende los dialectos tomáraho (o tomaraxa), ybytoso (o ebitoso) y ório.

En 1930 se estimaba que unas 2000 personas hablaban alguna variedad del lenguaje. Las personas hablantes de las variantes orio e ybytoso fueron estimadas en 800 en 1970, mientras que menos de 200 personas hablaban tomáraho en ese entonces.

Según la escritura introducida por los jesuitas para el idioma guaraní, La Y indica la y gutural, o sexta vocal del guaraní (equivalente a la ö de la notación fonética), mientras la sh y la h expresan sonidos idénticos a los indicados por tales signos en el inglés.

La inflexión verbal se basa en los prefijos personales, sin tiempos verbales.12 Los sustantivos se pueden dividir en posesible y no posesible. Los nombres posesibles se caracterizan por una prefijación por la cual el nombre está de acuerdo con el poseedor o modificador genitivo. El idioma presenta estructuras sintácticas para-hipotácticas.

El yshyr es considerada lengua en peligro por la UNESCO y podría desaparecer en unas pocas generaciones, bajo la presión de las lenguas culturalmente dominantes en la región, como el castellano y guaraní.



Mitología:

Si bien los relatos de tomáraho e ybytoso difieren en muchos aspectos, el «Gran Mito» yshyr puede resumirse de la siguiente manera.

En ocasión de estar viajando por la selva, un grupo de mujeres Yshyr se encontró con los ahnapzöro (o anapsoro), dioses poderosos y terribles, de aspecto extraño, que no tenían facciones en el rostro. Cada uno de ellos poseía caracteres peculiares diferentes, estaban cubiertos de plumajes, pelos, o extraños colores. Los ahnapsoro convivieron luego con los yshyr, y les enseñaron a cazar, a usar herramientas, y también los iniciaron en sus ceremonias rituales.

 Los ahnapzoro podrían ubicarse en una clase de dioses entre dioses uranicos y dema reuniendo características de ambos.
 
Luego de un tiempo la convivencia entre hombres y dioses se tornó difícil, haciendo crisis con la muerte de algunos jóvenes en las durísimas ceremonias iniciáticas. Entonces Eshönewörta (o Ashnuwerta), una de las principales ahnapzoro, les indicó a los yshyr la vulnerabilidad de los ahnapzoro para que pudieran vencerlos golpeándolos en el tobillo, ya que allí tenían la garganta.


De esta forma, los yshyr exterminaron a los ahnapzöro, solamente uno sobrevivió a la masacre además de Eshönewörta, el temible Nemur, el cual, al estar a punto de ser alcanzado en su huida, tomó un caracol e hizo surgir de el una fuerte correntada que llenó el cauce con gran estruendo, dando origen al actual río Paraguay y lanzando la maldición de exterminar a los yshyr si abandonaban los rituales que les habían enseñado.

En La maldición de Nemur reside, precisamente, la función social del arte y el mito yshyr. Los hombres habían descubierto la vulnerabilidad de sus dioses y se vengaban de ellos, implacables. Nemur, el último ahnapsoro, logra escapar, pero antes sostiene este diálogo con su perseguidor: «Podrás huir, pero tu destino es quedar para siempre solo», dijo Syr parado sobre una orilla del río. «Tu pueblo es numeroso», contesta Nemur desde la otra ribera, «pero queda para siempre obligado a cumplir las palabras; de no hacerlo, las enfermedades, el hambre y los enemigos irán acabándolo hasta que el último kytymáraha se extinga».