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lunes, 20 de julio de 2015

Micro Relatos........."Verdaderos hombres".......




                                                                                                       Indroducción:



Los lacandones son un grupo indígena del tronco maya que habita en la selva Lacandona en la frontera entre México y Guatemala, más específicamente en el estado de Chiapas, México.

Entre sus actividades principales se encuentra el hilar fibras y con ellas fabricar textiles, curtir cuero y elaborar cerámica, flautas, mallas y piraguas. Por bastante tiempo estuvieron aislados, preservaron su forma de vida ancestral hasta fechas recientes, pescando, cazando y cultivando frutas y verduras. Su número total de integrantes ha disminuido y sólo quedan unos cuantos cientos.

Los lacandones se llaman a sí mismos hach winik, que significa "verdaderos hombres". Se piensa que originalmente el vocablo lacandón se refería a un grupo hablante de chortí el cual, en tiempos de la conquista, habitaba en una pequeña isla en el río Lacantún, en el extremo sur de la selva y que se autodenominaban "los del Lacantún", que significa en chortí "gran peñón" o "piedra erecta" y al ser españolizado se convirtió en lacandón o lacandones. Los hach winik son hablantes de un idioma estrechamente relacionado al maya yucateco.





Antecedentes históricos:
Lacandones originales:

Cañon de usumacinta
Los lacandones fueron un imperio que se volvió a la invasión Española. En el momento de su primer encuentro con los españoles (1530), los lacandones habitaban un territorio reducido al sur de la selva lacandona, teniendo como centro la laguna de Lacam-Tun, hoy de Miramar. Hablaban choltí o "lengua de milperos", agricultores y cazadores. Los lacandones, le dieron nombre a la selva, vivían en la parte meridional de la misma, fueron insumisos y sólo pudieron ser sometidos hasta finales del siglo XVII, casi a la par que los itzáes del Petén.

Abandonaron la ciudad lacustre de Lacam-Tun a fines del siglo XVI, cuando ésta fue destruida por una expedición militar proveniente de la ciudad de San Cristóbal de las Casas. Se retiraron hacia el sureste y erigieron una nueva cabecera a pocos kilómetros de distancia del río Lacantún, llamándola Sac-Bahián. Por esta razón pudieron prolongar su independencia por más de siglo y medio, hasta que fueron sometidos finalmente en 1695, al ser invadido su último reducto, Sac-Bahián, por tropas españolas venidas simultáneamente de Chiapas y Guatemala.

Como colofón de este proceso, los españoles trasladaron en un primer momento, algunos lacandones hacía el poblado de Dolores en México cerca de la frontera con Guatemala y finalmente a Santa Catarina Retalhuleu, donde en 1769. Se documentó la presencia de los que ellos llamaron "últimos supervivientes", tres ancianos: dos hombres y una mujer. Es muy probable que algunos sobrevivientes terminaran mezclándose con los nuevos habitantes, y que otros se trasladaran a otras zonas para alejarse de los invasores y preservar sus costumbres y lengua del pueblo maya originario de la selva Lacandona.


Lacandones modernos:

Los lacandones desde finales del siglo XVII son resultado de una mezcla de pueblos que se consideran originarios de la península de Yucatán y del Petén guatemalteco; emigraron durante diversos periodos hacia la selva chiapaneca huyendo de los intentos de congregarlos en pueblos establecidos por las autoridades coloniales, después de que los pueblos originalmente asentados en la región habían sido trasladados y reubicados en "pueblos de paz", hablantes en su mayoría de las lenguas chol, chortí y tzeltal.

Se piensa que estos nuevos habitantes de la selva eran miembros de varias tribus que hasta el siglo XIX se distribuían dentro de un área mucho más extensa que abarcaba no sólo la selva chiapaneca sino también el Petén, Belice y parte de la península de Yucatán, y que se diferenciaban e identificaban a través de un amplio sistema de linajes.

Las referencias sobre la presencia de los actuales lacandones en la selva se remontan a las últimas décadas del siglo XVIII en documentos que dan cuenta de diversos intentos de reducción y catequización dirigidos a los indígenas. El primero de ellos, entre 1788-1797, se refiere a la concentración de los lacandones en el poblado de San José de Gracia Real. El intento fracasó y éstos retornaron gradualmente a la selva. Desde esta época los nativos establecieron relaciones comerciales con los mestizos de Palenque.

Por otra parte, a los lacandones del sur se les intentó evangelizar, sin resultado alguno, a principios del siglo XIX. A este fracaso siguió un segundo intento en 1862 por parte de religiosos capuchinos; sin embargo, aunque los religiosos se llevaron consigo a algunos nativos, las penalidades del camino, la desavenencia de costumbres y el clima obligaron a éstos a permitir el retiro de los indígenas a sus lugares de origen.

Actualmente, la atención que han recibido los lacandones en cuanto a servicios públicos e infraestructura ha sido escasa. La mayoría de las localidades sólo se comunican por caminos de terracería. Tanto la educación como la salud están en manos del gobierno federal, aunque su presencia es bastante limitada.



Actividades económicas:

El patrón tradicional de subsistencia se basa en el uso múltiple de la tierra en la que aprovechan varias zonas ecológicas: la milpa, la selva, el acahual (zona de transición entre la selva y el campo agrícola) y las zonas acuáticas y semiacuáticas. El uso combinado de estas diversas áreas proporciona a los lacandones la posibilidad de aprovechar una extensa variedad de productos, animales, vegetales y minerales. La explotación agrícola se fundamenta en el sistema de roza, tumba y quema.
 
Otra de las actividades económicas que realizan los lacandones es la ganadería de tipo extensivo en los terrenos agrícolas que se encuentran en periodo de descanso o barbecho. En estos mismos o en otros se practica la caza y la recolección de leña y de plantas que utilizan para la construcción de casas, instrumentos agrícolas y utensilios de cocina o bien para la alimentación.

Los asentamientos lacandones invariablemente son erigidos en las cercanías de lagos, ríos y arroyos, los cuales también representan un área de recursos de subsistencia, fungen como fuente de recursos y como apoyo importante para el desarrollo de la agricultura, puesto que las aguas estancadas aportan nutrientes al suelo. Asimismo, se aprovecha la extensa variedad de fauna que frecuenta o habita en dichas zonas, como aves, reptiles, peces y moluscos.

La producción artesanal también representa una fuente de ingreso económico, aunque su producción es mínima. Elaboran collares de semillas, objetos de barro y madera que generalmente son representaciones antropomorfas o de personajes de su tradición oral, así como arcos y flechas artesanales.

Medicina:

La enfermedad se considera como un castigo por parte de los dioses para aquellos individuos que transgreden las normas sociales o religiosas. Así, quien no pide permiso a los dueños del monte para quemarlo, quien no deposita las ofrendas correspondientes o quien duda de la existencia de los dioses recibe como castigo una enfermedad. El primer paso para la curación del mal es precisamente detectar de qué se trata para posteriormente proceder a aplicar el remedio correspondiente. En general, cualquier hombre casado es responsable de interactuar ritualmente con los dioses en favor de su familia, aunque en ocasiones se requiere de algún hombre más experimentado en técnicas adivinatorias que permitan descifrar el origen del padecimiento.

Cosmogonía y religión:

Su sistema religioso se basa en los ciclos de la naturaleza. Los lacandones consideran que en los tiempos míticos, los dioses supremos habitaron la tierra y que sus moradas eran los grandes centros arqueológicos asentados en la región, como son Palenque, Yaxchilán y probablemente Piedras Negras. Dentro del contexto mítico, se dice que después de crear el inframundo los dioses subieron al cielo, a excepción de algunas deidades intermedias y de todas las menores que tienen sus moradas en cuevas, montículos, lagos y ruinas menores, ubicadas también en la selva. Al igual que el resto de las culturas mayenses, los lacandones practican el culto a las divinidades solares y lunares, y a partir de éstas se establece un ordenamiento jerárquico que desciende hasta los dioses secundarios. Tienen además una concepción cíclica del tiempo; es decir, la creencia en eras sucesivas. Tanto los dioses principales como las divinidades y seres menores se definen como propiciadores y sustentadores del orden cósmico. Cada divinidad mantiene un carácter dicotómico que impone a los hombres una intensa interacción ritual.

Las mismas prácticas adivinatorias que les permiten conocer el origen de las distintas enfermedades, les profetizan acontecimientos, que en caso de ser funestos, pueden ser contrarrestados por medio del ritual. Una vez obtenida la respuesta propiciatoria de la deidad agraviada se procede a brindarle ofrendas en el incensario que le corresponda para apaciguar su enojo. Los rituales de curación se llevan a cabo en el templo.
 
Entre los ritos colectivos propiciatorios se encuentra el ofrecimiento de las primicias agrícolas que se llevan a cabo entre agosto y septiembre y el de renovación de incensarios que se efectúa aproximadamente cada seis años. Otro ejemplo de ceremonias colectivas son las que se realizan cuando ocurre algún desastre natural como inundaciones o tormentas que afectan la seguridad de la comunidad y se requiere apaciguar a los dioses que causaron el desastre. Entre las ceremonias individuales se encuentra la conocida con los nombres de Week bir o Meekchar o Mec Chahal con la que se inicia la integración del individuo a la vida comunitaria en función de los papeles que debe desempeñar dentro de ella de acuerdo con su sexo. Los rituales curativos pueden considerarse como de carácter exorcizante y expiatorio. Dentro del espacio sagrado o ritual, los dioses se materializan a través de incensarios de barro. Todos los actos rituales se fundamentan en el mismo patrón: ofrecer copal, comida y bebida ceremonial.

A partir de los años 1950 empezaron a penetrar misioneros protestantes norteamericanos en las comunidades lacandonas. Los primeros en llegar fueron los presbiterianos quienes lograron convertir a algunos habitantes de Nahá y a casi todos los del sur. En la década de los setenta tocó a Metzaboc ser blanco de la predicación del culto adventista; aquí también lograron su objetivo con una buena cantidad de sus habitantes. Casi todos los lacandones convertidos han emigrado a Lacanha Chan Sayab. La influencia del protestantismo ha originado la desaparición de muchas prácticas rituales entre los conversos, aunque algunas de ellas sólo se han modificado ya que los lacandones han adaptado el discurso protestante a su propia cosmogonía.