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martes, 19 de mayo de 2015

dabarīm kanaʿnīm o =dabarīm pōnī = Introdución A Las Guerras .....



Y llegamos a lo que fueron las guerras la historia y los antecedentes hoy en este post solo escribiré sobre esto: Sobre las batallas escribiere una por una para hacerlo más ameno.


Evolución de las posesiones cartaginesas en el transcurso de las guerras púnicas

Guerras púnicas:
Introdución:
Se conoce con el nombre de las guerras púnicas a los tres conflictos armados que enfrentaron entre los años 264 a. C. y 146 a. C. a las dos principales potencias del Mediterráneo occidental de la época: Roma y Cartago. Reciben su nombre del etnónimo latino Pūnicī usado por los romanos para referirse a los cartagineses y a sus ancestros fenicios (de la forma más antiguas lat. arc. Poenicī < gr. Phoinicoi). Por su parte, los cartagineses llamaron a estos conflictos «guerras romanas».

En el estallido del conflicto influyó de gran manera la anexión por parte de Roma de la Magna Grecia, en el sur de la península itálica, pero la causa principal del enfrentamiento entre ambas fue el conflicto de intereses entre las colonias de Cartago y la expansión de la República de Roma. El primer choque se produjo en la isla de Sicilia, parcialmente bajo control cartaginés. Al principio de la Primera Guerra Púnica, Cartago era el poder dominante en el mar Mediterráneo occidental, pues controlaba un extenso imperio marítimo, mientras que Roma era el poder emergente en el centro de la península itálica. Al final de la Tercera Guerra Púnica, y después de décadas de conflicto, Roma conquistó todas las posesiones cartaginesas y arrasó la ciudad de Cartago, su capital, con lo que la facción cartaginesa desapareció de la historia.

Roma se convirtió así en el estado más poderoso del Mediterráneo occidental, lo que sumado al fin de las Guerras Macedónicas4 y la derrota del emperador seléucida Antíoco III Megas en la Guerra Romano-Siria5 en el Mediterráneo oriental, convirtió a la República romana en el poder dominante en el Mediterráneo. La derrota aplastante de Cartago supuso un punto de inflexión que provocó que el conocimiento de las antiguas civilizaciones mediterráneas pasara al mundo moderno a través de Europa en lugar de África.





Historia:

Tras la anexión por parte de Roma de la Magna Grecia, ocurrida a principios del siglo III a. C., la rivalidad entre Roma y Cartago por el dominio del Mediterráneo occidental se acrecentó.

Los inicios del conflicto se remontan al momento en el que la ciudad de Mesina, originariamente griega pero en poder de los oscos, fue atacada por Hierón II de Siracusa. Los griegos de Sicilia se resistieron a prestar ayuda, por lo que los oscos decidieron solicitar auxilio a Roma. Los cartagineses apoyaron por su parte a Hierón, cercando de manera conjunta el enclave de Mesina. Finalmente, Roma repelió el sitio, lo que supuso que Hierón desistiese, rompiendo su alianza con Cartago y negociando con Roma. El final de este conflicto local no sólo no puso fin a la lucha entre las dos potencias, sino que sirvió para su recrudecimiento.

La base cartaginesa de Agrigentum fue tomada por República romana en el año 261 a. C. y en el año 260 a. C. vencieron a los cartaginenses en Mylae.

Los romanos habían logrado crear una poderosa flota que les confirió supremacía naval. Sin embargo, Roma sufrió una importante derrota cuando atacaron Cartago en forma directa. Tras vencer a los cartaginenses en Palermo, en el año (251 a. C.), fueron derrotados en Dreana (249 a. C.).

Los romanos fortalecieron su flota, diezmada por derrotas y tempestades, y en el año 241 a. C. lograron el triunfo definitivo en la costa occidental de Sicilia, en las islas Aegates, tras la que se firmó el Tratado de Lutacio. El tratado recibió su nombre al ser llamado así Cayo Lutacio Cátulo, impulsor del acuerdo. Dicho tratado supuso duras consecuencias para los cartagineses: devolución de prisioneros, la evacuación de la isla de Sicilia y el abono de una cuantiosa indemnización. Así terminó la primera guerra púnica.

Aprovechando los romanos una revuelta entre los propios cartagineses, en el año 238 a. C., se apoderaron de Cerdeña y luego de Córcega. Para hacer frente a sus pérdidas, los cartagineses, intentaron extender sus dominios hacia Hispania, estableciendo un acuerdo con Roma para realizar sus conquistas al sur del río Ebro. Se sucedieron en el mando de las tropas cartaginesas, Amílcar Barca, Asdrúbal y finalmente Aníbal, en el año 221 a. C., quien atacó la ciudad de Sagunto, ubicada en la zona acordada, pero aliada de Roma. Tras rechazar a los emisarios romanos, que pedían su rendición, los cartagineses y romanos, se enfrentaron nuevamente.


Aníbal se dirigió hacia Italia para luchar contra los romanos, cruzó los Alpes, logrando el apoyo de los galos, que habitaban la llanura del Po, logrando vencer a los romanos en las márgenes del Ticino y del Trebia, y en el año 216 a. C. la batalla de Cannas (Apulia),6 consagró a los cartagineses como triunfantes sobre Roma que perdió aproximadamente 30.000 hombres. Sin embargo, y a pesar del apoyo que Aníbal recibió de Filipo V de Macedonia y del rey de Siracusa, el estratega romano, Fabio Máximo, ideó el plan de una guerra de desgaste, evitando las batallas abiertas.

Poco tiempo después los romanos vencieron en Capua y luego en Siracusa y en Hispania, los hermanos Escipiones derrotaron a Asdrúbal, y luego recuperaron Sagunto (214 a. C.), aunque fueron derrotados los Escipiones y muertos en el año 211 a. C. En el año 209, Publio Cornelio Escipión, tomó Cartagena y en el 210 a. C. triunfó en Baecula. Asdrúbal fue definitivamente derrotado por Nerón, cuando se dirigía a Umbría para unirse a Aníbal, quien se retiró a África, lugar que abandonó para dirigirse a Cartago, donde el ejército a cargo de Publio Escipión, intentaba imponerse. La batalla de Zama, en el año 202 a. C. significó la victoria definitiva de Roma, donde Cartago fue condenada económicamente, viéndose privada de su flota y confinada a un área restringida. Este es el fin de la segunda guerra púnica. La tercera guerra púnica fue realizada por motivos económicos, ya que Cartago, a pesar de su derrota, era una gran competencia en el comercio del Mediterráneo.

Movimientos mercenarios utilizados durante la guerra.
Aprovechando que los cartagineses respondieron ante el asalto de Horóscopo en su defensa, pero como no podían hacerlo sin permiso romano, decidieron atacar. Los cartagineses trataron de descomprimir el conflicto condenando a muerte al jefe militar Asdrúbal y a sus hombres, y brindando a Roma sus excusas, pero fue inútil, tras lo cual decidieron rendirse. Cartago recibió la orden de ser destruida, pero los habitantes se reorganizaron a las órdenes de Asdrúbal a quien se le había concedido un armisticio a su condena a muerte, y lograron resistir el sitio romano, hasta que el nieto adoptivo de Escipión el Africano, Publio Cornelio Escipión Emiliano, en el año 147 a. C. logró rodear completamente la ciudad, que comenzó a sufrir el desabastecimiento. En el año 146 a. C. los romanos lograron entrar a la ciudad, entablándose una lucha encarnizada de seis días, donde vencieron los romanos y la ciudad fue destruida. Al término de las guerras púnicas llamadas así por ser la denominación que los romanos daban a los cartagineses, pueblo de origen fenicio, las islas de Sicilia, Cerdeña y Córcega, el norte de África, y el sur y el este de España, se convirtieron en provincias romanas.






Antecedentes:

A su inicio en el año 264 a. C., Cartago estaba ubicada en la costa de la moderna Túnez, en el norte de África, fundada por los fenicios en el siglo IX a. C. Era una poderosa ciudad-estado con un gran imperio comercial basado en sus colonias exteriores, y exceptuando a Roma, el más poderoso estado del Mediterráneo occidental. La armada de Cartago no tenía rival en la época, pero su ejército permanente en tierra no era demasiado potente; Cartago no era un estado conquistador, sino comercial, por lo que no necesitaba grandes contingentes de soldados más que en los momentos puntuales en
que se encontrara en guerra. Además, solía confiar en el uso liberal de mercenarios para complementar (o incluso formar casi por completo) dichas fuerzas, contratados gracias a las considerables riquezas procedentes del comercio, la base de su economía.

Escipión el Africano
Los intereses de este imperio comercial se encontraron en oposición con los de la floreciente República de Roma, que se encontraba en plena expansión. Fundada en el siglo VIII a. C., la primitiva ciudad-estado, convertida en una república el año 509 a. C., ya controlaba la totalidad de la península itálica, y dirigía ahora sus ojos hacia lo que eran las líneas naturales de expansión por tierra, Sicilia, en el sur, y la Galia Transalpina, en el norte. Aunque con una armada menos numerosa y con menos experiencia, su ejército permanente era ya la fuerza de combate terrestre más potente de su época, bien entrenado, equipado y con vasta experiencia militar tras los dos siglos de luchas intermitentes que precedieron la conquista de sus territorios italianos.

Tan pronto como Roma finalizó su conquista inició la expansión hacia el norte y el sur, lo que trajo inevitablemente el conflicto con Cartago, que de pronto vio amenazada su influencia en el Mediterráneo, vital para mantener su imperio comercial. Roma y Cartago se enfrentaron por tres veces, en los conflictos posteriormente conocidos como las Guerras Púnicas, entre el 264 a. C. y el 146 a. C. La victoria final de la República de Roma supuso la desaparición de Cartago y la anexión de sus colonias y ciudades, lo que convirtió al vencedor en la nación más poderosa de Europa y el Mediterráneo, iniciando una hegemonía que mantendría hasta la división del Imperio por Diocleciano el 286.